jueves, 12 de noviembre de 2015

Con las mismas manos

Porque has de guardar los cochinos,
y tú sacar a los pavos con las claras del día.
Porque has de arar la tierra para sembrar
más hambre, y quitar las malas hierbas.
Porque has de ventear los garbanzos
pisados, con las mismas manos.
Porque en cuanto anochezca has de ir
a pelar pollos al ensanche,
para ese lujo de cama turca que muele tus huesos.
Porque hay que ganarse un plato
-al menos cada día-,
servir al señorito y a la señora, que son
los que tienen. Con las mismas manos.

Parir a oscuras.

Porque hay que sacar más tierra de la tierra,
qué importa dónde, sacar un jornal
amén del cuerpo de uno.
Porque hay que hacerse viejo para que mañana...
Abrirse a los abrazos que no recibiste,
enseñar a los labios a decir “te quiero”.
Porque hay que ir al médico a por las pastillas,
hacerse otras pruebas por otros dolores,
seguir conociendo el universo desconocido de los ólogos,
arreglar sin letras los papeles,
tomarse la tensión
con las mismas manos.

Porque tienes el veintiuno la espirometría
y el mes que viene -acuérdate- uno de esos médicos
que no aciertas a decir
y pone cables en tu resistencia.
Y después tienen que mirarte los ojos
que no ven de tan cansados.
Y andar como puedas,
a pesar de tu sangre insumisa.
Y porque también tienes que enchufarte
las horas precisas a ese aparato
que te está prolongando la vida y también la muerte.
Con las mismas manos.

Y si quieres gritar, quejarte o maldecir a ningún Dios,
hazlo. Quizá nadie como tú se lo ha ganado.
Aunque lo harás en el sonoro silencio
que interrumpe un suspiro,


con las mismas manos para tanto todo.

Poema de David Morello del libro Retorno de la voz, (Ediciones Vitruvio)

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